
Del
miedo y de la frustración.
Desde el
advenimiento en el país de políticas y gobiernos basados en
desmontar el estado del bienestar, escaso si lo comparamos con
algunos países de la Unión Europea. Desde que el impulso a un país
se basa exclusivamente a “salvar” los estamentos financieros, a
los bancos y a los especuladores, la política y concretamente el
gobierno, apoyan sus actuaciones en el miedo, en encadenar las
conciencias con el pánico a engrosar las largas listas de
desempleados, en atemorizar a los que, de momento, creen a salvo su
puesto de trabajo.
Anulan
nuestras voluntades y nuestras conciencias, con leyes que restringen cada vez más los derechos conseguidos en los años de democracia.
La libre
expresión y el derecho a opinar se encuentran constreñidos por
cambios en las nuevas normas penales. La prensa, la poca que queda
con una cierta oposición crítica al gobierno, es muy minoritaria y
acallada por opiniones vertidas en medios de comunicación de masas
como la TV en TDT, o los periódicos del “centro derecha”
copados por lo que se puede considerar el “Tea Party” español,
donde contertulios y columnistas, se explayan alabando un sistema que
castiga a lo público y ensalzan la gestión privada de todo tipo de
servicios y recursos.
El
actual gobierno y las CC.AA., alguna de éstas obligadas por la dura
política impuesta desde los poderes imperantes, dejan a los que aún
mantienen un puesto de trabajo cada vez más precario, sumidos en
un miedo paralizante que impide una respuesta adecuada a tal sarta de
medidas y recortes y rezando para que mañana no me toque a mí
Desde el
ámbito en el que yo trabajo, la Acción Social, los profesionales
tenemos conciencia de las realidades cotidianas, de la desesperación
de un sector de la población que ve como, día a día, se merman
las posibilidades de vivir con una mínima dignidad. Y aún así no
somos capaces de alzar la voz de una manera unánime, porque el miedo
nos tiene atenazados, miramos desde enfrente y con terror, las
situaciones de precariedad y pobreza que contemplamos diariamente,
miramos pero no nos movemos, no actuamos contra la injusticia de este
sistema. Y desempeñamos nuestro trabajo frustrados, poniendo cara al
desastre con un: “usted pídalo, puede que la situación
mejore”,cuando a ciencia cierta sabemos que si no gritamos, si no
salimos a pelear, seremos cómplices por omisión de la tortura a la
que se somete a diario a las clases más desfavorecidas y cada día
más numerosas.
Por todo
esto creo que es necesario gritar a los cuatro vientos la injusticia
en la que estamos sumidos y pelear y gritar, en la calle,
testimonialmente, como cada uno pueda y crea, pero no podemos
quedarnos paralizados por el miedo.
Estas
políticas hay que combatirlas con la protesta, con la información
de la realidad, con la unión de todos, y sobre todo sin miedo y sin
frustración
Blas
Blas