viernes, 2 de noviembre de 2012

DE LOS MIEDOS Y LAS FRUSTRACIONES






Del miedo y de la frustración.

Desde el advenimiento en el país de políticas y gobiernos basados en desmontar el estado del bienestar, escaso si lo comparamos con algunos países de la Unión Europea. Desde que el impulso a un país se basa exclusivamente a “salvar” los estamentos financieros, a los bancos y a los especuladores, la política y concretamente el gobierno, apoyan sus actuaciones en el miedo, en encadenar las conciencias con el pánico a engrosar las largas listas de desempleados, en atemorizar a los que, de momento, creen a salvo su puesto de trabajo.

Anulan nuestras voluntades y nuestras conciencias, con leyes que restringen cada vez  más los derechos conseguidos en los años de democracia.

La libre expresión y el derecho a opinar se encuentran constreñidos por cambios en las nuevas normas penales. La prensa, la poca que queda con una cierta oposición crítica al gobierno, es muy minoritaria y acallada por opiniones vertidas en medios de comunicación de masas como la TV en TDT, o los periódicos del “centro derecha” copados por lo que se puede considerar el “Tea Party” español, donde contertulios y columnistas, se explayan alabando un sistema que castiga a lo público y ensalzan la gestión privada de todo tipo de servicios y recursos.

El actual gobierno y las CC.AA., alguna de éstas obligadas por la dura política impuesta desde los poderes imperantes, dejan a los que aún mantienen un puesto de trabajo cada vez más precario, sumidos en un miedo paralizante que impide una respuesta adecuada a tal sarta de medidas y recortes y rezando para que mañana no me toque a mí

Desde el ámbito en el que yo trabajo, la Acción Social, los profesionales tenemos conciencia de las realidades cotidianas, de la desesperación de un sector de la población que ve como,  día a día, se merman las posibilidades de vivir con una mínima dignidad. Y aún así no somos capaces de alzar la voz de una manera unánime, porque el miedo nos tiene atenazados, miramos desde enfrente y con terror,  las situaciones de precariedad y pobreza que contemplamos diariamente, miramos pero no nos movemos, no actuamos contra la injusticia de este sistema. Y desempeñamos nuestro trabajo frustrados, poniendo cara al desastre con un: “usted pídalo, puede que la situación mejore”,cuando a ciencia cierta sabemos que si no gritamos, si no salimos a pelear, seremos cómplices por omisión de la tortura a la que se somete a diario a las clases más desfavorecidas y cada día más numerosas.

Por todo esto creo que es necesario gritar a los cuatro vientos la injusticia en la que estamos sumidos y pelear y gritar, en la calle, testimonialmente, como cada uno pueda y crea, pero no podemos quedarnos paralizados por el miedo.

Estas políticas hay que combatirlas con la protesta, con la información de la realidad, con la unión de todos, y sobre todo sin miedo y sin frustración

Blas





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