De los Plácidos y la beneficiencia
Actualmente se han puesto de moda en
este país, variadas formas de recoger alimentos para las personas
que, por motivo de la crisis, se ven abocadas a una carencia de
medios para satisfacer necesidades, tan básicas, como la de comer
diariamente.
Considero que, a pesar de esta loable
labor solidaria, y a mi respeto por las personas que lo hacen de
buena voluntad, estamos equivocando el camino y por tanto la
solución.
No es raro encontrar en los diferentes
medios, empresas que, haciendo gala de una conciencia presuntamente
altruista, se suben al carro de la solidaridad y prometen enviar,
kilos de comida, por ejemplo, por comprar una mesa, un sofá o un
mueble de comedor, para que éstos, vayan a parar a familias
necesitadas.
O magnates de grandes firmas, entreguen
grandes sumas de dinero a determinadas entidades, para desgravarlas
de sus enormes ganancias, y quedar ante la sociedad como grandes
próceres, mientras explotan a sus trabajadores en empresas
deslocalizadas, con sueldos de miseria
Y como a veces se confunde la
solidaridad con la limosna, enviando un kilo de arroz a tal o cual
asociación, nos queda la conciencia tranquila y creemos que, con
esta acción, estamos mejorando el mundo.
Pues yo considero que nos equivocamos.
La crisis existe, y las consecuencias
se dejan notar cada día más, sobre todo en las familias más
desfavorecidas, pero las soluciones, deben de pasar por los
gobiernos. Todos los que, de momento, podemos pagar nuestros
impuestos debemos ser solidarios con los que menos tienen, exigiendo
a los gobernantes de turno que se ocupen de que, al menos, no quede
una sola familia en este país que pase hambre.
Los rastrillos de las marujas bien
situadas, las entregas de alimentación por parte de la ciudadanía
“pudiente”, sólo sirven para acallar conciencias, dentro de nada
se puede poner de moda el “siente en Navidad un pobre en su
mesa”,como genialmente reflejó el gran Berlanga en su Plácido,
pero esto no va a evitar que el día 26 de diciembre, este “pobre”
siga pasando hambre y no cuente con el amparo de unos gobernantes que
se dedican a rescatar bancos en lugar de atender a la población que
les coloca en los gobiernos para que les tutele, o al menos evite que
pasen hambre