jueves, 6 de diciembre de 2012

Plácido




De los Plácidos y la beneficiencia


Actualmente se han puesto de moda en este país, variadas formas de recoger alimentos para las personas que, por motivo de la crisis, se ven abocadas a una carencia de medios para satisfacer necesidades, tan básicas, como la de comer diariamente.

Considero que, a pesar de esta loable labor solidaria, y a mi respeto por las personas que lo hacen de buena voluntad, estamos equivocando el camino y por tanto la solución.

No es raro encontrar en los diferentes medios, empresas que, haciendo gala de una conciencia presuntamente altruista, se suben al carro de la solidaridad y prometen enviar, kilos de comida, por ejemplo, por comprar una mesa, un sofá o un mueble de comedor, para que éstos, vayan a parar a familias necesitadas.

O magnates de grandes firmas, entreguen grandes sumas de dinero a determinadas entidades, para desgravarlas de sus enormes ganancias, y quedar ante la sociedad como grandes próceres, mientras explotan a sus trabajadores en empresas deslocalizadas, con sueldos de miseria

Y como a veces se confunde la solidaridad con la limosna, enviando un kilo de arroz a tal o cual asociación, nos queda la conciencia tranquila y creemos que, con esta acción, estamos mejorando el mundo.

Pues yo considero que nos equivocamos.

La crisis existe, y las consecuencias se dejan notar cada día más, sobre todo en las familias más desfavorecidas, pero las soluciones, deben de pasar por los gobiernos. Todos los que, de momento, podemos pagar nuestros impuestos debemos ser solidarios con los que menos tienen, exigiendo a los gobernantes de turno que se ocupen de que, al menos, no quede una sola familia en este país que pase hambre.

Los rastrillos de las marujas bien situadas, las entregas de alimentación por parte de la ciudadanía “pudiente”, sólo sirven para acallar conciencias, dentro de nada se puede poner de moda el “siente en Navidad un pobre en su mesa”,como genialmente reflejó el gran Berlanga en su Plácido, pero esto no va a evitar que el día 26 de diciembre, este “pobre” siga pasando hambre y no cuente con el amparo de unos gobernantes que se dedican a rescatar bancos en lugar de atender a la población que les coloca en los gobiernos para que les tutele, o al menos evite que pasen hambre

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